Explosión de juventud

El estruendo de la explosión se escuchó en cada edificio. Ms. Martínez, la directora de la escuela, corrió tan rápido como lo permitió su edad. Los demás profesores hicieron lo mismo.

Los chicos salían tosiendo del laboratorio de química, la mayoría con alguna herida. Algunos se sentaron en los jardines laterales al lugar y otros parados, cada uno sorprendido.

—Sabía que tus ideas modernas sobre educación, nos traerían problemas, aunque no imaginé la rapidez con la que sucedería —clamó la mujer dirigiéndose a la llorosa joven maestra que fue la última en salir del laboratorio.

—Trabajábamos con ácidos y fue un descuido mío —indicó una jovencita que presentaba quemaduras en sus brazos y rostro. 

—Llame a las ambulancias, la chica necesita atención inmediata —ordenó al profesor Rodríguez, subdirector de la escuela preparatoria—. Usted maestra, espero que no esté herida. Sería terrible estar en un hospital y sin trabajo.

Ms. Martínez terminó de dar indicaciones a cada maestro sobre lo que debía hacerse. Ella debía llamar a inspección escolar. Caminó hacia su oficina, a paso lento esta vez, sin dejar de sonreír.

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