Un día Único II

 Un día único parte I

         Los pies de Marión pedían descansar tras largos metros de carrera. Ella sabía que no podía detenerse aún, no sin antes comprobar la situación a su alrededor. Apresuró su marcha. Su figura esbelta parecía una visión que avanzaba abriéndose paso entre los autos estacionados y los que transitaban por las calles.

       Pensó en pedir ayuda a los automovilistas, pero temió que no quisieran ayudarla. Una persona huyendo significaba problemas, y la mayoría de la gente se aleja de estos sin pensarlo.

     Dos cuadras más adelante, había un parque con muchos árboles, consideró que podría perderse entre ellos. Quizás encontraría alguna persona paseando por ahí. Caminó sin voltear hacia atrás, no quería dar un segundo de ventaja.

      Al llegar al parque se detuvo tras un árbol viejo, su grueso tronco podría darle la oportunidad de ocultarse mientras observaba las calles que había atravesado. No parecía haber nadie siguiéndola; no obstante aún se sentía en peligro.

       Hace unos días, decidió alejarse de todo; escogió esa pequeña ciudad de provincia, que su hermana supuso, le podría proporcionar la calma adecuada para olvidar el accidente. Dos jornadas tranquilas, disfrutando del lugar, le habían sugerido que el viaje había sido una buena idea.

     Todo cambió unos minutos antes; un hombre extraño comenzó a perseguirla. ¿O acaso fue su imaginación? Estaba lejos de ella cuando se sintió acosada. Tal vez su mente le jugó una mala pasada haciéndola revivir la angustia vivida con anterioridad.

—No deberías huir de tu destino.

      Una voz a su espalda la hizo girar sorprendida. El hombre estaba ahí, justo frente a ella, observó la mirada, el gesto, incluso la misma gabardina que usaba aquel día, a pesar del clima templado.

    —Usted murió. No puede estar aquí —indicó la voz sorprendida de la chica, con los ojos húmedos y el temblor en su cuerpo.

   —El tiempo, el espacio, la muerte, todo es relativo. Estás aquí huyendo de nuevo, alejándote del camino que tus poderes te han trazado tienes una misión que debes cumplir.

        Ese hombre era un espejismo, él no podía estar frente a ella. Solo tenía que cerrar los ojos, pensar en algo diferente y él desaparecería.

        —Aléjate —le ordenó al hombre con pétrea convicción.

      Los árboles del lugar parecían dar vueltas alrededor de ambos, una fuerte punzada en su cabeza la hizo colocar sus manos en sus oídos, un sonido gutural salió de su garganta, justo en ese instante el hombre explotó ante sus ojos.

      Marion observó las pequeñas partículas que se movían como en cámara lenta hasta desaparecer en el aire un poco antes de desvanecerse.

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