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Al despertar vio a un hombre desconocido dentro de su alcoba, de espaldas a ella, mirando hacia la calle por la ventana.

—¿Qué hace aquí? ¿Quién es usted? ¿Cómo entró? —Yamilet buscó su celular sobre el buró.

El hombre giró hacia ella y sonrió con indulgencia.

—Son demasiadas preguntas, que no puedo responder. No hay tiempo. Necesitas escapar. Mañana la policía te arrestará por asesinato, la única manera de evitarlo es que huyas ahora mismo.

—Entiendo, intenta tranquilizarte. Si me das el número de algún pariente o amigo, puedo llamarlo y pedir que vengan a buscarte.

Ella se dirigió a la sala, donde tomó el teléfono, pero la línea estaba muerta.

—Estamos detenidos en el tiempo, no hay ninguna señal por ahora. No tienes que creerme, solo mira por la ventana.

A través del vidrio, pudo observar los mismos edificios de siempre, automóviles, y gente, pero esta vez estaban congelados, como estatuas.

Sintió un escalofrío, el hombre en cambio, parecía sereno.

—¿Y a quien se supone que mataré?

—A mí. Golpearás mi cabeza tan fuerte, que moriré al instante… El tiempo volverá en un segundo. ¡Escapa!

Yamilet despertó y vio a un desconocido dentro de su alcoba, de espaldas a ella, mirando hacia la calle por la ventana. Tomó la lámpara y lo golpeó tan fuerte como pudo.

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