El aroma De Un Alma

Tres pasos más. Amanda está a punto de llegar a la habitación 137; solo tres para verlo. Su rostro no tiene expresión; nadie puede adivinar sus pensamientos.

Un hospital enorme, uno pequeño, ¿cuál era la diferencia? Todos los hospitales son iguales, llenos de cuartos, llenos de gente, llenos de enfermedades y tristeza.

Un enfermero camina de prisa, carga algunas cobijas, otros platican o están recibiendo instrucciones. Alguien empuja una silla de ruedas, en ella, un niño absorbiendo medicamentos a través de sus venas, que le parece tan viejo como cualquiera que hubiera vivido muchas vidas. Demasiados rostros alrededor. Nadie conocido. Cada uno mirando hacia el otro, sin ver en realidad.

Dos pasos más. Huele extraño, a productos de limpieza. El tipo de olor que causa nauseas en el estómago o te hace llorar. Ella necesita ser fuerte para continuar. Su corazón late con fuerza.

Un paso, nada más, en este lugar estridente; gente hablando en sus celulares, máquinas imprimiendo documentos, una atmósfera dinámica donde se supone, todo debe ser calma.

Una puerta frente a Amanda. La abre en un segundo. Un nuevo paso para introducirse a un espacio elegante, el cual concuerda con el precio que se ha pagado. Colores neutros, colchas exquisitas, no obstante, el mismo dolor y desesperanza que cada hospital tiene.

Parece que todo se detuvo en esta habitación, a diferencia de los pasillos, no más actividad. Solo él, con sus ojos cerrados. Aquí puede escucharse el sonido de las maquinas que controlan su ritmo cardiaco, además, este cuarto huele distinto, un olor desconocido para ella.

Muchos cables conectados a su organismo, una máscara de oxígeno en su cara. Escucha sus latidos, conforme se acerca, puede ver como su abdomen se expande.

Amanda toma su mano con la esperanza de que él sienta su roce. Aún vive. El oxígeno circula a través de sus pulmones; viaja por sus venas; penetra en cada célula. Está inconsciente, pero en ese segundo, continúa recibiendo el elemento vital. Su estómago se contrae.

Espera un instante, por una nueva inhalación, pero esta vez, la expansión llega apenas a la altura del pecho. Ha tardado más en respirar. Luce indefenso, ella,  impotente.

Inspira despacio, ahora, a la altura de su garganta. Amanda voltea hacia el monitor, ella misma respira con dificultad. Escucha el último bip del aparato, luego observa la línea horizontal.

Dos segundos atrás estaba vivo. Ahora su cuerpo ha dejado de respirar. Reconoce el olor que antes percibió, el aroma de su alma. Besa su frente y le dice adiós.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

A %d blogueros les gusta esto: